En Argentina se otorga preferencia, en la enseñanza de la historia, a los acontecimientos militares con relación a los civiles, a los acontecimientos destructivos con relación a los constructivos. Es muy probable que la herencia hispánica haya influido en esta actitud. Se apreciaba la espada más que el arado. Este libro inicia con la Presidencia de Rivadavia y el condicionante préstamo Baring, primer muestra de irresponsabilidad económica, Rivadavia inició la distribución de tierras para colonización con la ley de enfiteusis. El surgimiento del latifundio durante el Gobierno de Juan Manuel de Rosas determinó el destino ganadero de la pampa húmeda e incentivó el conflicto con los araucanos, cuyos malones se veían facilitados por los escasos residentes fijos que requería el cuidado del ganado. La que podríamos llamar guerra por las vacas fue una epopeya que causó muchas más víctimas que las guerras de independencia por la combatividad de las hordas araucanas al mando de jefes como Calvucurá que merece recordarse por su capacidad de organizar y disciplinar las huestes a su mando en amplios territorios. La Constitución de 1852 marcó un hito en la historia argentina. Inició el periodo de colonización del país, aunque se intensificó el conflicto con los indígenas con invasiones espectaculares que permitían el arreo a Chile de centenares de miles de cabezas de ganado, obligando a pensar en líneas de defensas con fortines y la famosa zanja de Alsina. La discutida campaña del desierto permitió incorporar a la explotación agropecuaria millones de ha. Con la intensificación del flujo migratorio desde Europa, en pocas décadas se logró un crecimiento más rápido que el mismo norteamericano llevando el país a ser uno de los principales exportadores de productos agropecuarios. A principio del siglo XX, surgieron conflictos laborales y se afirmó el radicalismo como primer partido popular. Durante el Gobierno del Presidente Marcelo Torcuato de Alvear de 1922 a 1928, la economía argentina llegó a su cumbre. El PBI por habitante se ubicó en el sexto lugar en el mundo. En 1925, el país representaba el 72 % de la exportación mundial de lino, el 66 % de maíz, el 50 % de carne. Fue notable el surgimiento de la industria. En 1922, la automotriz, en pocos años, llegó a poner en la calle 100.000 unidades de automotores. La posterior caída de Yrigoyen en 1930 inició el largo periodo de golpes militares que retrogradaron el país políticamente sin capacidad de solucionar los problemas económicos cada vez más acuciantes. Con el Gobierno de Perón, se afirmó la orientación distributiva de la economía primando sobre la vocación productiva. Una excepción fue el Gobierno de Frondizi que volvió a encarrilar las inversiones y el crecimiento económico, pero no solucionó la vocación populista y fue criminalmente depuesto. La dictadura de 1976, con la secuela de una casi guerra civil que condujo a asesinatos y desaparecidos, y con la desastrosa guerra de las Malvinas, derrumbó a los militares y reinició un ciclo democrático. El Presidente Alfonsín debutó arrastrando todavía problemas con los militares que superó, pero cayó en una hiperinflación que le obligó a dejar anticipadamente el Gobierno. Su sucesor Menem, en su primer periodo presidencial, tuvo el mérito de anclar la moneda local al dólar y ofrecer una estabilidad monetaria que el país casi había olvidado. Sin embargo, en su segundo periodo, se dejó seducir por el sueño de permanencia en el poder y olvidó la necesaria austeridad en el manejo económico, creando tensiones que explotarían después en el 2001, durante la presidencia de De La Rua. Después del terrible default, el país volvió a caer en gobiernos incapaces de otorgarle estabilidad hasta la actualidad en que, de nuevo, el país tambalea por el endeudamiento y la inflación.
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