Esta nueva edición de: La Santa Virginidad (La Sancta Virginitate) de San Agustín de Hipona incluye: Notas aclaratorias esenciales. - Traducción inédita a cargo de Don Alfonso Cornejo Cruz. Aunque por su título quiera parecer que esta obra puede resultar provechosa tan solo a un número reducido de personas, como son las que reciben de Dios una vocación singular a la vida consagrada, el elenco de los temas que derivadamente aquí se tratan muestra que es un escrito que puede servir de gran ayuda a todos. De entrada, es uno de los pocos escritos en los que San Agustín nos hablará detalladamente de la Santísima Virgen María, a la que presenta tanto como Madre del Señor como su Primera Discípula, esbozando con ello la principal clave de argumentación para la Mariología Conciliar, que reivindicará para ella el título de “Madre de la Iglesia”. Por otro lado. Si hay un hilo -o un firme pilar- sobre el que San Agustín va trenzando el contenido de estas páginas, ese será la humildad, apelada desde los primeros capítulos hasta los finales, hasta el punto de que, si alguien ojeara por encima estas páginas, podría llegar a pensar que se trata de un buen y extenso “tratado sobre la humildad”, tanto para los más avanzados en el camino de la santidad -que tiene sus propios azares- como para quienes pudieran considerarse que están más alejados de ella -a los que animará recurriendo a distintos pasajes y figuras que se recogen en los Santos Evangelios-. También adquiere un gran valor el tratamiento que hace de la vocación matrimonial, aclarando que toda consideración sobre las bondades de la vida consagrada ha de hacerse sin menoscabo ni desprecio del Sacramento del Matrimonio, aunque sea un camino mejor el de la consagración. ¿Qué podemos decir de los alegatos que hace de la continencia en el matrimonio o de la virtud de la castidad, a la que cada cual es llamado de un modo acorde a su estado y vocación en una sociedad sumida en la sensualidad? ¿Acaso no lucharon San Pablo y el propio San Agustín contra el aguijón de la carne? Mucho nos ayudará a entender, recordándonos que para avanzar en ese arduo combate necesitamos de la Gracia de Dios, que podemos y debemos pedir… Realmente, la temática tratada en esta obra es de total actualidad, y aunque no sea contada entre los escritos polemistas en los que San Agustín vertió su hacer apologético, hoy, sin duda, sí que lo sería. Pero no olvidemos el título y el propósito de esta obra: “La Santa Virginidad”, que no es meramente una condición física que se puede compartir con quien, aun queriendo, no haya tenido la ocasión de perderla, sino la que se salvaguarda deliberadamente como ofrenda esponsal a Dios, que es lo que le confiere su singular valor, como bien se subraya incluso en el título de uno de los más importantes capítulos: “La gloria de las vírgenes es su consagración a Dios”. Que el hecho de que todos podamos recibir con gran provecho esta obra no nos impida poner en valor el sacrificio y la entrega que, desde el amor, realizan las almas consagradas, por un bien mayor, para provecho de todos, recordando como hijos de la Iglesia el deber de caridad de orar especialmente por quienes tanto testimonian y oran por nosotros.
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